Velázquez, el moderno

En Encuádrate el 12 de Julio de 2016, por JIMENA MARCOS
Universal Images Group / Getty Images

Veo Las Meninas y pienso en la calavera anamórfica de Los embajadores de Holbein, en la luz de la Adoración de los pastores de El Greco, en La duquesa fea de Massys. En lo modernos que eran siendo tan antiguos.

El efecto es similar a cuando rechazas a tus padres durante la adolescencia para luego volver a idolatrarlos una vez se te pasa la tontería. Te empiezas a interesar por su juventud, por sus hobbies y la gente con la que se codeaban. Y te das cuenta de que ni eran ni son tan aburridos, sino que el término “padre” tiene mala publicidad. Algo parecido pasa con los museos, el arte, los pintores… Nos hablaban de Velázquez y nos dormíamos. Qué equivocados estábamos y qué pavo teníamos, Velázquez era más moderno y más satírico que muchos de los artistas de hoy en día.

El sevillano se trasladó a Madrid para servir al rey Felipe IV hasta su muerte en 1660. Fue pintor de cámara, el cargo más importante de entre los pintores de la corte. Esta posición privilegiada le permitió jugar con la ironía, la irreverencia y la crítica. En Las Meninas Velázquez volcó todas sus florituras, pero llevaba ya años haciéndolo en otras obras.

Dignificó a los enanos y a los bufones. Les concedió retratos en solitario cual reyes y nobles. El bufón don Juan de Austria, que había recibido su apodo del héroe de la batalla de Lepanto, fue pintado por Velázquez con traje militar, escudo y bastón de mando. Pero era un bufón, su expresión le delataba: el cuerpo laxo, la cabeza algo baja, la mirada huidiza… Similar a la del bufón “Calabacillas”, bizco y con esa sonrisa de medio lado que evoca la ternura más que la risa. Un año antes de “Calabacillas”, Velázquez terminó su particular versión de Demócrito y Heráclito de Rubens: Esopo y Menipo. Aun siendo todos filósofos, los retratos de Velázquez resultaban menos esplendorosos, más realistas y humanos, casi parecían mendigos. Diego Velázquez había logrado convertir, con su pintura, a bufones en reyes y a ilustres en ignorantes.

Sus críticas no sólo aparecían en retratos sino también en las grandes representaciones mitológicas. En El triunfo de Baco, al igual que hizo con los filósofos, desmitifica a los dioses y se burla de las obras de la época. En Las hilanderas coloca la escena principal al fondo, dejando el tapiz de Tiziano  (y que, posteriormente copió Rubens) en un segundo plano y reivindicando el oficio del pintor. Además, se dice, que el haber representado la fábula de Aracne era una advertencia hacia Felipe IV para recordarle que la soberbia tiene castigo.

Velázquez, un viñetista de la época, un revolucionario, un cómico y un crítico. Un moderno.

 

Diego Velázquez - Desconocido, Dominio público / Wikipedia
Diego Velázquez – Desconocido, Dominio público / Wikipedia
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