La noche que Pablo conoció a Eva

En Encuádrate el 14 de Julio de 2016, por JIMENA MARCOS
UNSPECIFIED - MARCH 31:  Spanish painter Pablo Picasso during summer 1908 in his workshop in Montmartre in Paris  (Photo by Apic/Getty Images)

Un gran toldo verde cubre la abarrotada terraza de La Closerie des Lilas. La ciudad pronto volverá a su estado natural de cielos grises y tardes lluviosas, por lo que los parisinos aprovechan los últimos días de verano para disfrutar la calidez de sus noches. Pablo, 30 años, no muy alto y con nariz ostentosa, camina junto a Fernande, la cual se agarra al brazo de su marido con fuerza. Fernande es una mujer corpulenta y el hecho de caminar junto a Pablo le hace parecer aún más grande de lo que ya es. Lleva el pelo negro peinado hacia atrás con un pequeño recogido y su rostro tiene aspecto de cansado. Hace días que no duerme, hace días que Pablo pasa las noches pintando más horas de lo normal. Dos pasos por detrás, les sigue Guillaume, de 31 años. Viste un traje de chaqueta algo estrecho y luce un bigote perfectamente recortado y peinado. Les adelanta con torpeza para abrirles la puerta y les invita a pasar.

Es una de las fiestas de ‘la banda Picasso’ y La Closerie des Lilas está atestada de gente. El barullo es tal que casi no se percibe al pianista que toca en directo. Pablo levanta la mirada entre el gentío y consigue localizar su último cuadro colgado de una de las paredes del piano bar. Hace poco empezó a experimentar con una nueva técnica, algo diferente a todo lo que había visto y hecho hasta el momento.

Mientras Guillaume intenta hacerse paso entre la multitud para llegar a la barra del bar, Pablo sin conseguir quitarse a Fernande de encima, se queda esperando frente a la obra agradeciendo las felicitaciones de los invitados.

De repente, y como si surgiera de la nada, aparece Henri, de 45 años, vestido de manera impecable. Con gesto altivo, decide interponerse entre la pareja y la pintura.
-Puuuuuura geometría – comenta en tono crítico.
Pablo se muerde la lengua. Su francés no es muy bueno, conoce de sobra a Henri y sabe que será motivo directo de burla.
-¡Cubos! ¡Cubos por todas partes! Tanto trabajo realizado por los “fauvistas” para que vengas a destrozarlo con tus cubos azules, distorsionados.
Pablo se mantiene en silencio, mirando con odio a Henri. Éste sonríe con maldad al pintor.
-¡Escuchadme todos! ¡Prestadme atención!- grita fervientemente a la sala.
Todo el mundo se calla y se vuelve en dirección a Henri. El pianista, que no se había dado cuenta de lo que estaba ocurriendo, deja de tocar.
-¡¿Hay alguien en esta sala capaz de ver algo en este cuadro?!- Henri suelta una gran carcajada que retumba en toda la sala.
El silencio de los invitados perturba a Pablo. Todos se miran entre ellos. Fernande abre la boca para decir algo cuando se ve interrumpida por una joven rubia, pequeña y menuda que se hace paso entre la gente.
-Es el retrato del marchante Vollard- dice con una tierna y dulce voz.
Henri le mira con desprecio al igual que Fernande, que aprieta los labios con furia y se gira rápidamente para ver la expresión de su marido. Presiente lo que viene a continuación. Pablo está atónito, con la mirada fija en la joven Eva. “Ma Jollie”, piensa para sus adentros. La cursilería de sus ocurrencias hace que se le escape una sonrisa. Eva le responde de igual manera. Ambos se miran el uno al otro ensimismados.

-¡Alto todo el mundo!- la Policía Nacional irrumpe en la sala – ¡Guillaume Apollinaire! ¡Queda usted detenido por el robo de La Gioconda!

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