En 1994, cinco miembros de la familia Bain fueron asesinados a tiros en Dunedin, Nueva Zelanda. Un único superviviente, una misteriosa nota en un ordenador y dos hipótesis opuestas: ¿un crimen planeado por Robin Bain antes de quitarse la vida o una matanza ejecutada por su hijo David Bain? Esta es la pregunta que ha dividido a la opinión pública durante décadas y que ha dado lugar a uno de los procesos judiciales más polémicos y controvertidos de Nueva Zelanda.