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España es una potencia mundial en producción ecológica. Somos el país Europeo con más superficie dedicada a este tipo de cultivo con tres millones de hectáreas. Por comparar, en Alemania no llegan a los dos millones. Producimos mucho, pero consumimos muy poco. Según datos oficiales en España nos gastamos en alimentos ecológicos unos 60 euros por persona al año. En Suiza se acerca a los 500 y en Dinamarca a los 400. Conclusión: Nosotros lo cultivamos y se lo comen otros. Y la principal razón es el precio. Con estos datos en la mano, nos hemos acercado a conocer un proyecto de agro ecología en la Vega del Jarama.
¿Te imaginas ir al cine, ver la misma película, en la misma sala, a la misma hora, pero pagar un precio diferente según la ubicación de tu butaca? Aún no estamos ahí aunque es una posibilidad que puede llegar. Cinesa está haciendo una prueba piloto en esa línea. Analizamos los precios en las actividades de ocio. Y hoy vamos a aprender algo más de la sal, el condimento más barato y utilizado en todo el mundo. Aunque lo de barato se limita a la sal común si hablamos de las gourmet los precios se multiplican. Acabamos en un mercadillo en el interior de una vivienda.
Los mercadillos organizados en viviendas particulares son habituales en EEUU y en el norte de Europa. Es una fórmula que viene muy bien en caso de mudanza para deshacerte de los muebles que ya no quieres o que no te caben en tu nuevo hogar. Una fórmula que también ha llegado a nuestro país. Se trata de una forma distinta de consumir y de un negocio que da una segunda vida a objetos que de otra forma habrían acabado, en muchas ocasiones, en un punto limpio porque en estos mercadillos se vende absolutamente todo. Aparadores, mesas, dormitorios completos, lámparas y también cucharillas, vajillas, pequeños electrodomésticos y hasta el vaso del cepillo de dientes
¿Sabes distinguir una sal común de una gourmet?, ¿Vale la pena pagar un 200% más por una sal francesa o una del Himalaya?. Hoy vamos a aprender algo más de la sal, el condimento más utilizado en todo el mundo y posiblemente el más barato, siempre que nos conformemos con la llamada sal común, si vamos de gourmets, la cosa cambia.