El País
María Eugenia Sampallo Barragán es hija de desaparecidos de la dictadura militar argentina. Al descubrirlo, en una decisión sin precedentes, se querelló contra el matrimonio que la crio, sus apropiadores. Esta es su historia.
Texto y narración: Leila Guerriero.
Maria Eugenia Sampallo Barragán: Natalia López
Las intervenciones de Carolina Rímini, Mariana Sanguiliano, Emírledes Sampallo, Alicia Lo Giudice, Ivana Roitberg y Olga González las lee Leila Guerriero.
Las de Guillermo Roldán, Andrés Beccar Varela, Gustavo Rojas, Tomás Ojea, Manuel Gonçalves Granada y Félix Crous las lee Ian Garrahan
Diseño sonoro: Nicolás Tsabertidis
Dirección: Ana Alonso
Agradecimientos a Luisa Arditi
Las iglesias evangélicas, y en especial las corrientes pentecostales y neopentecostales, crecen en España al calor de nuevas comunidades migrantes, sobre todo latinoamericanas. El fenómeno ya se ve en la publicidad del metro, en los grupos de oración por WhatsApp, en los templos instalados en naves industriales y en macroeventos gratuitos que reúnen a decenas de miles de personas con mensajes de salvación, sanación y prosperidad. Estos espacios ofrecen comunidad, compañía y una red de apoyo a personas recién llegadas o en situación precaria, pero también plantean preguntas sobre la relación entre fe, dinero e influencia. Algunos pastores vinculan la creencia religiosa con donaciones, sacrificios y promesas de mejora material. Madrid concentra ejemplos llamativos, como la llamada “milla de oro evangélica” de Carabanchel, con decenas de templos en naves industriales, o grandes encuentros en recintos como el Metropolitano y Vistalegre. En este episodio de Hoy en EL PAÍS, Ana Fuentes conversa con la periodista Lucía Franco, autora de un reportaje sobre el auge del evangelismo en Madrid, y con Eduardo Saldaña, codirector de El Orden Mundial. Juntos analizan por qué estas iglesias crecen entre comunidades migrantes vulnerables, cómo se han extendido desde Estados Unidos y América Latina y por qué sectores de la derecha se acercan a ellas por su capacidad de movilizar voto latino, pese a las contradicciones con parte de su discurso migratorio. CRÉDITOS: Presenta: Ana Fuentes Diseño de sonido: Nacho Taboada Dirección: Ana Alonso Coordinación: José Juan Morales Sintonía: Jorge Magaz
Sin cooperación entre administraciones “es imposible controlar un brote”, advierte Mar Faraco, secretaria y portavoz de la Asociación de Médicos de Sanidad Exterior, que lamenta que el “ruido mediático” haya complicado la gestión del crucero con casos de hantavirus. Faraco sostiene que la actuación sanitaria requiere siempre colaboración con la comunidad autónoma donde está el puerto, porque Sanidad Exterior no dispone de “ambulancias” ni “hospitales”. “Si esa cooperación no se da, es imposible controlar un brote. Pero ni aquí, ni en Rusia ni en Estados Unidos”, subraya. La médica insiste en que el episodio era “absolutamente controlable” y pide rebajar la alarma: “Esto es un brote en un barco, no es la pandemia”. La llegada a Canarias de un crucero con varios casos sospechosos de hantavirus ha provocado un importante lío político entre administraciones y partidos. El buque, que solicitó atracar para atender a los afectados, puso en alerta a las autoridades sanitarias y desató un cruce de reproches sobre la gestión de la emergencia y la seguridad en los puertos del archipiélago. Mientras el Gobierno central defendía que se actuó conforme a los protocolos internacionales, desde el Ejecutivo canario se reclamaba mayor coordinación y antelación en la información. El episodio ha reabierto además el debate sobre los protocolos ante crisis sanitarias vinculadas al turismo y el papel estratégico de los puertos canarios. El Gobierno autonómico ha pedido revisar los mecanismos de actuación y reforzar los recursos sanitarios, mientras que el Ejecutivo central acusa a algunos dirigentes de utilizar el miedo con fines políticos. Más allá de la gestión concreta del crucero, el caso ha dejado al descubierto una nueva brecha institucional en un asunto especialmente sensible para las islas.
La visita de Isabel Díaz Ayuso a México ha reavivado una tensión diplomática que en los últimos meses España trataba de rebajar. Durante su gira, la presidenta de la Comunidad de Madrid elogió la figura de Hernán Cortés y defendió una lectura positiva de la conquista, un discurso que contrasta con el reconocimiento institucional de los abusos cometidos durante la colonización, expresado recientemente por el rey Felipe VI. Las palabras de Ayuso han generado malestar en México y han provocado la reacción pública de la presidenta Claudia Sheinbaum, reavivando el choque político. Según el periodista Juan Diego Quesada, que ha seguido de cerca tanto la política mexicana como la figura de Ayuso, este viaje responde en gran medida a una estrategia de posicionamiento ideológico. “Es una forma de situar su discurso a la derecha de la derecha”, explica, apuntando a un relato identitario que conecta con las tesis de Vox y con otros liderazgos conservadores internacionales. Quesada subraya además que Ayuso actúa a título personal, influida por su entorno, y no como representante del conjunto del Partido Popular ni de la política exterior española. Paradójicamente, este choque puede tener un efecto cohesionador entre actores que hasta ahora mantenían posiciones distantes. “Va a unir al Rey, al Gobierno y a Claudia Sheinbaum, porque ahora tienen una enemiga común muy identificable”, señala Quesada. En ese contexto, la polémica amenaza con volver a ideologizar las relaciones entre España y México, una relación “compleja y con muchas capas”, justo cuando se intentaba recomponer por la vía diplomática e institucional.