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El ministro Óscar Puente admite la posibilidad de que las vías dañara los trenes. Es decir, que todas las hipótesis siguen abiertas. Ahora bien, Transportes no puede evitar la sensación de alarma ciudadana después de que se haya conocido el cambio en los criterios de velocidad en algunos tramos. Y lo que está claro es que con más de 40 personas fallecidas, esto no puede acabar como el apagón. En una democracia, el deber con las víctimas pasa por dar una respuesta a lo que ocurrió y tratar de subsanarlo.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha admitido que se han encontrado marcas en las ruedas de los coches delanteros del tren Iryo y en las de los trenes que pasaron antes por el punto del descarrilamiento. Sin embargo, el ministro niega falta de inversión e insiste en que es pronto para sacar conclusiones. Además, tanto Puente como el director de Adif defienden que las limitaciones de velocidad a 160 kilómetros por hora son prácticas habituales por seguridad. Pero, el malestar entre los maquinistas sigue siendo patente y han convocado una huelga para los días 9, 10 y 11 de febrero.
Vi caer a un señor mayor en mitad de la calle y al momento se le acercaron los transeúntes para ayudarlo. Lo más increíble de nuestra especie es echar una mano a aquellos que lo necesitan y que nos importen los desconocidos; es el instinto de ayudar. Ante la terrible tragedia de Adamuz, como pasó con la Dana, me sigue conmoviendo esa capacidad de la gente de salir a ayudar de un modo acuciante y que a pesar de lo pervertido del debate público, nuestra capacidad para la compasión no se ve alterada.
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