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Esos inmigrantes que el Gobierno quiere regularizar ya viven en España, ya trabajan, ya pagan impuestos. No sorprende que Vox se oponga a esta medida que han pactado Podemos y el PSOE. Si pudieran, harían en España las mismas redadas brutales contra inmigrantes que ha puesto en marcha Trump. Hoy el PP la rechaza porque Vox les quita votos. ¿Cuántos otros principios están dispuestos a abandonar en esa competición con la extrema derecha?
El Gobierno trata de acercar posturas con los socios. Con Podemos ha pactado la regularización masiva de inmigrantes, con ERC la financiación y Sánchez se ha reunido con el lehendakari, Imanol Pradales. La clave la tiene Junts que hizo caer revalorización de las pensiones al votar en contra junto a PP y Vox. Además, el Partido Popular sigue rechazando la regularización de inmigrantes, a pesar de que en 2024 la defendió, y derecha y extrema derecha quieren llevar la medida a Europa. Y la última regularización, la de 2005, permitió que los inmigrantes encontrasen trabajos más cualificados.
Me congratula la tramitación urgente por real decreto de la regulación que dejará por fin dentro de la ley a medio millón de personas inmigrantes. Hay que ser muy mal nacido para responder a esta decisión alegando que produce efecto llamada, cuando todos sabemos que es la necesidad la que ocasiona el efecto empujón. Y hay que ser muy, muy cruel, para hablar de “reemplazo”, ese trending topic del fascismo actual. No hay reemplazo más aberrante que el de la decencia por la crueldad.
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