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Me congratula la tramitación urgente por real decreto de la regulación que dejará por fin dentro de la ley a medio millón de personas inmigrantes. Hay que ser muy mal nacido para responder a esta decisión alegando que produce efecto llamada, cuando todos sabemos que es la necesidad la que ocasiona el efecto empujón. Y hay que ser muy, muy cruel, para hablar de “reemplazo”, ese trending topic del fascismo actual. No hay reemplazo más aberrante que el de la decencia por la crueldad.
El decreto de revalorización de las pensiones cae en el Congreso con los votos en contra de PP, Junts y Vox. La medida estaba recogida en un decreto ómnibus con otras medidas del llamado escudo social como la limitación de los desahucios y la prohibición de cortar los suministros básicos a la población vulnerable. PP y Junts aseguran que, si la subida de las pensiones se presenta en solitario, votarán a favor. Además, el Gobierno valora ahora otra formas para que las pensiones no bajen en febrero. Y PP y Vox rechazan también la regularización de los inmigrantes que el Gobierno ha pactado con Podemos. Derecha y extrema derecha hablan de un supuesto efecto llamada y anuncian que lo llevarán a Europa para evitar que se lleve a cabo.
Esos inmigrantes que el Gobierno quiere regularizar ya viven en España, ya trabajan, ya pagan impuestos. No sorprende que Vox se oponga a esta medida que han pactado Podemos y el PSOE. Si pudieran, harían en España las mismas redadas brutales contra inmigrantes que ha puesto en marcha Trump. Hoy el PP la rechaza porque Vox les quita votos. ¿Cuántos otros principios están dispuestos a abandonar en esa competición con la extrema derecha?