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Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, dijo de pronto Ursula von der Leyen, quizá creyendo -creyendo en serio- que Europa había guardado ese orden cuando ella misma fue al campo de golf de Trump a firmar con él el acuerdo comercial. O que lo había guardado frente a un genocidio que se practicó ante los ojos del mundo. Y no ha pasado nada.
El libro de Guillén revela que el Patronato fue una institución represiva de la libertad femenina que no se encuentra en los archivos de la memoria histórica. Este sistema de castigo y trabajos forzados para mujeres descarriadas subsistió hasta 1985 sin que se haya reivindicado a sus víctimas. Su olvido oficial evidencia que, mientras el pasado contiene todo lo sucedido, la historia solo guarda aquello que decidimos recordar.
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