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¿Una conspiración contra Ownes? David Botello (@DavidBotello4) y Esther Sánchez (@estesan1969), acompañados por Ainara Ariztoy y José Luis Llorente, siguen en Berlín para conocer a un tal Avery Brundage, uno de los peores villanos de la historia de los Juegos Olímpicos. En su palmarés, entre otras cosas, tiene el dudoso hito de retirar a última hora a los dos corredores judíos de la delegación estadounidenes y de hacerle la vida imposible a Jesse Owens. Angelito. Si quieres acompañarlos, ¡súbete a la Historia!
Los abuelos de Gabo: guerra, fantasmas y el origen de Macondo. Antes del realismo mágico, hubo una casa. Y en esa casa, dos fuerzas de la naturaleza: un abuelo coronel que hablaba de derrotas, duelos a balazos y el peso de los muertos; y una abuela que te contaba que había visto un fantasma mientras te pasaba el azúcar. Y, en medio, un niño escuchando esa manera tan natural de mezclar lo real con lo imposible. Gabriel García Márquez no inventó el realismo mágico: lo mamó en casa. Porque mientras unos abuelos te enseñan a montar en bici, a Gabo le enseñaron a mirar el mundo como si fuera una novela. Si quieres acompañarlos, ¡súbete a la Historia!
Cartagena: cuando la verdad te manda al exilio. Con el Caribe de fondo y la libreta lista para tomar nota de todo, David Botello (@DavidBotello4) y Esther Sánchez (@estesan1969), acompañados por Ainara Ariztoy y Cristina Urgel, se plantan en Cartagena de Indias, donde el calor aprieta y las historias se cuentan a contrarreloj. Aquí Gabo deja de soñar con ser escritor y se convierte en periodista de verdad. Y cuando cuenta la historia de un naufragio y aprende que escribir bien puede meterte en un lío. Si quieres acompañarlos, ¡súbete a la Historia!
París: hambre, café y una novela que convirtió la miseria en literatura. Con ganas de primavera y literatura en vena, David Botello (@DavidBotello4) y Esther Sánchez (@estesan1969), acompañados por Ainara Ariztoy y Cristina Urgel, viajan al París menos postal y más supervivencia: buhardillas heladas, bolsillos vacíos y un escritor colombiano que está aprendiendo a vivir y a escribir a base de pan duro y café, y a convertir la escasez en oro narrativo. Porque cuando no tienes nada, solo te queda mirar mejor. Así nació El coronel no tiene quien le escriba, donde una cucharadita de café puede ser más importante que un discurso entero. Porque hay ciudades que te cambian la vida, y otras que te obligan a escribirla para poder sobrevivir. Si quieres acompañarlos, ¡súbete a la Historia!