SER Podcast
Andreu Buenafuente y Berto Romero aún están con la resaca de los pedos lumbares y este ‘Nadie Sabe Nada’ es uno de esos programas tranquilos. Tranquilo hasta que alguien rompe la armonía de la improvisación con el ruido de un papel y nos cuelan un Bart Simpson al bar de Moe en una pregunta. ¡Ah! Y se desata la histeria colectiva con las bragas de hombre. Y digo yo: a lo mejor no ha sido tan tranquilo.
Ep. 493: En este programa de ‘Nadie Sabe Nada’, Andreu Buenafuente y Berto Romero despiden con honores a la mítica puerta jaguar y de paso, recuerdan el legendario “sapato malo” vivido hace algunas temporadas. Además, entre risas y carcajadas se reflexiona sobre si la atención es la nueva riqueza, se oficia una boda innecesaria en directo con pollos, nos vamos de mercados en bragas y gildas y hablamos del queso emmental porque pesa menos de lo que
Ep. 492: En este ‘Nadie Sabe Nada’, Andreu Buenafuente hace la digestión tras desayunarse un par de huevos poco antes de empezar la grabación. Berto Romero descubre, para los que no lo conocían, lo que es el reble. Programa muy participativo en el que, gracias a una experta en plagas, conocemos el poder de las cucarachas. La cosa deriva en los superhéroes de animales de mierda como la Babosaman, Perezosoman o Trumpman. Y todo desemboca en la épica ‘vivécdota’ de Toni, explicada por Andreu, quien tuvo una “agradable” experienc
Ep. 491: Dejando de lado la tirria que le tiene Andreu Buenafuente a Cabo Verde, en este ‘Nadie Sabe Nada’, recuperamos y finiquitamos el tema de los pingüinos apadrinados por él y por Berto Romero en la Antártida.Asistimos a una confesión de Silver Balún Balcells: él fue el inventor de las chanclas cogidas por el dedo meñique, las chanclas más peligrosas del mundo. Nos sumergimos en la física cuántica, el Presidente pide que no le envíen más vídeos de pollos por Instagram y el programa finaliza con la emoción de una persona cárnica por asistir a la grabación después de estar esperando más de siete años venir de público.CITA:«Cabo Verde podría llamarse Isla Decepción» Andreu Buenafuente