SER Podcast
Ep. 491: Dejando de lado la tirria que le tiene Andreu Buenafuente a Cabo
Verde, en este ‘Nadie Sabe Nada’, recuperamos y finiquitamos el tema de los
pingüinos apadrinados por él y por Berto Romero en la Antártida.
Asistimos a una confesión de Silver Balún Balcells: él fue el inventor de las
chanclas cogidas por el dedo meñique, las chanclas más peligrosas del mundo.
Nos sumergimos en la física cuántica, el Presidente pide que no le envíen más
vídeos de pollos por Instagram y el programa finaliza con la emoción de una
persona cárnica por asistir a la grabación después de estar esperando más de
siete años venir de público.
CITA:
«Cabo Verde podría llamarse Isla Decepción» Andreu Buenafuente
Ep. 498: Andreu Buenafuente y Berto Romero llegan reventados de una revisión médica tan pobre que casi habrían preferido no haber ido. Pero bueno, el ‘Nadie Sabe Nada’ hay que hacerlo igualmente, y enseguida cogen las riendas y lo tiran hacia adelante. Las llevan tan bien que, entre castañuelas de cuello que ofenden a Galicia, el descubrimiento de que las lentillas pueden mejorar la vista (pero no el criterio) y preguntas repetidas en distintos programas, acaban llevando el episodio a la cima de la absurdidad inventando la metarradio.
Ep. 497: Este ‘Nadie Sabe Nada’ tiene un inicio que no es ni falso ni un real inicio. Es el ‘peting’ de los inicios donde Andreu Buenafuente y Berto Romero hablan con el público descubriendo cuánto han tardado en poder venir a vernos en directo. A partir de ahí entramos en terrenos más delicados y pantanosos. A saber: el público que no ríe (pese a llevar años esperando este momento), los móviles como ordenadores de bolsillo, perfumes que huelen demasiado, velas con olores a biblioteca antigua, animales que desafían la gravedad... Todo esto aderezado con esa sensación que tenemos durante toda la grabación: que se nos va de las manos. Como debe de ser.
Ep. 496: Baile de fechas para este ‘Nadie Sabe Nada’ grabado el 8 de abril y emitido y publicado el 2 de mayo de 2026. Andreu Buenafuente y Berto Romero inician el programa de pie y cierran la trilogía dedicada a Agustín Jiménez con una conexión llena de sonidos. Entre viajes a Canadá que no llevan a ningún sitio, pero sí intentos fallidos de contar el chiste de Toronto, sueños sincronizados, bebés que hablan mal y una inquietante hipótesis sobre viajes en el tiempo, el programa avanza sin control hacia un final con barba espesa, algunas tonterías graciosas de Karlos Arguiñano y el remate con una cuarteta de Nostradamus mal recordada.