Muddy Waters hizo en los años sesenta toda una declaración de intenciones cuando cantó aquello de "el Blues tuvo un hijo y lo llamaron rock and roll". Sin embargo, a finales de aquella década, el blues volvió a rugir gracias a una nueva generación de músicos blancos que reclamaron el legado de sus mayores. Entre los Doors, Janis Joplin, John Mayall o Johnny Winter se coló una formación de chavales salvajes marcada por su amor a la raíces y la mala suerte que les persiguió: Canned Heat.No es descabellado afirmar que todos los músicos fueron, antes que estrellas, enamorados de la música. El caso de Canned Heat va más allá. El grupo nació directamente de una comunidad de coleccionistas del discos de blues que decidió probar suerte y comenzar a hacer sus propias interpretaciones de las canciones que les volvían locos, pero las cosas, como suele decirse, se les fue de las mano y acabaron tocando en Monterey, Woodstock, Newport y conquistando Europa.Esa cultura de coleccionistas, de tipos forofos con un gran conocimiento del género se plasma es su primer disco, trabajo que graban de la mano de Johnny Otis pero que no vería la luz hasta unos años después de tal modo que su debut oficial es el homónimo de julio de 1967 y con ese disco se presentan en el festival de Monterey con una actuación notable que les valió para ser portada de la prestigiosa revista Downbeat, eso es estar en el sitio adecuado en el momento perfecto.Un punto clave del grupo fue 1968 cuando entre una conquista y la siguiente grabaron Boogie with Canned Heat, un disco con temas propios que fue un paso en una nueva dirección. Un trabajo que los convirtió en una banda con otro poso, un grupo capaz de partir de viejas composiciones perdidas para crear sus propias canciones y su propio sonido.Por todo esto la historia de Canned Heat resulta fascinante y apuntaba alto, pero el grupo estuvo marcado por la muerte y la mala suerte que los condenó cuando el mundo empezaba a rendirse a su música. Esta semana rendimos tributo al grupo recordando sus canciones y su comienzo musical de la mano de Manuel Recio y Lucia Taboada.
En aquella revolución cultural de los años ochenta en España florecieron decenas de bandas de todos los estilos, géneros y orígenes. Muchas de aquellas formaciones estaban allí porque se podía, porque todo valía, porque ese aire de libertad que flotaba en el ambiente invitaba a ello. En ese contexto nació El Último de la Fila, un grupo diferente a los demás en cuanto a su propuesta, su sonido y sus letras.Tras un llamativo debut el grupo editó Enemigos de lo ajeno, un álbum que fue un salto en su carrera y que llegó en un 1986 que fue un punto de inflexión para Manolo y Quimi. En comparación con otras banda que irrumpieron en los ochenta, ellos ya estaban en la treintena, habían pasado (y fracasado) por otras bandas y veían que el sueño de una vida musical se alejaba. Pero esta ocasión, esta banda, iba a ser la buena y la definitiva y todo explotó con Insurrección y con Enemigos de lo ajeno, un disco que es parte de la historia del pop en España.Tras años curtiéndose en la música todo explotó con este disco que capta el talento de Manolo para escribir letras afiladas, honestas y cruda que conectaron con miles de jóvenes y el ingenio musical que Quimi, capaz de coger por primera vez una guitarra de doce cuerdas e improvisar la música de Insurrección.Esta semana sentamos en el Sofá Sonoro el segundo disco de El Último de la Fila y para recorrerlo nos acompañan Arancha Moreno y Lucía Taboada.
Estrenamos el 2024 a lo grande en el Sofá Sonoro y como es un día especial queremos hacer algo especial y pasar esta hora de radio a lo grande, con buena música y con las mejores cantantes de todos los tiempos, al menos para nosotros. Quería meter 24, una por cada año de este siglo, pero no serán tantas. Este episodio lo hemos bautizado como las Reinas de la Música y ahí cabe de todo, hay soul, jazz, también blues, algo del rock, pero sobre todo mucha magia en este homenaje a las grandes mujeres y a las grandes voces de la historia. PLAYLIST | Los mejores programas dedicados a nuestras cantantes preferidas.
En 1994 sucedió de todo y todo a la vez: el grounge coincidió con el britpop, la explosión del hip hop, el nacimiento del indie en España o el debut de las bandas de triphop de Bristol. Pocas veces tantas corrientes musicales diferentes han coincidido en un periodo de tiempo tan pequeño.Durante un tiempo parecía que cada país tenía su propio género. Mientras que en Estados Unidos sonaban Offspring, Green Day o Soundgarden y Pearl Jam, en Reino Unido irrumpían Blur, Oasis, Suede o Portishead y Massive Atack, mientras en España triunfaba el canto gregoriano y daban sus primeros pasos Extremoduro o Los Planetas.Todo esto aderezado con el regreso de los Rolling Stones y discos fabulosos de Eric Clapton o Van Morrison, a lo que hay que sumar el renacimiento musical de Johnny Cash de la mano de Rick Rubin.Hace 30 años se publicaron discos que son parte de la historia de la música y de la banda sonora de varias generaciones. La lista es eterna. Jeff Buckley editó Grace y se convirtió en una estrella, Weezer irrumpió con el delicioso disco azul. Alice in Chains llegó a lo más alto del Billboard con un EP, algo que nunca había sucedido anteriormente. En aquel año hubo álbumes eternos de Nine Inch Nails, Korn, Rancid, Massive Attack, Hole o Stone Temple Pilots.TODOS LOS EPISODIOS DEDICADOS A DISCOS DE LOS NOVENTA
The Super Super Blues Band fue el proyecto de Chess Records que juntó a Muddy Waters con Howlin' Wolf y Bo DiddleyEn Chess Record había grandes músicos y grandes egos. El sello de Chicago había marcado tendencia en los años 40 electrificando el blues rural del sur de los Estados Unidos de la mano de los grandes intérpretes del género.Veinte años después de los días de oro de Chess el panorama era otro. El esplendor del blues, si algún día fue tal, había pasado y los grandes maestros sobrevivían como podían. Sin embargo, al final de los años sesenta estalló el revival del blues rock de la mano de músicos y bandas como Jimi Hendrix, The Doors o Janis Joplin. A esa ola se intentaron subir las viejas estrellas de Chess que en los siguientes años grabarían discos acompañados por sus alumnos más aventajados. Antes de eso, Chess probó otro invento. Copiando el modelo de Fania Records, el sello de Chicago intentó juntar a todas sus estrellas en un mismo disco. Pero hubo un problema: todos eso músicos se llevaban mal y competían entre ellos.En 1967 llegó el primer intento y en 1968 subieron la apuesta juntando a Howlin' Wolf con Muddy Waters y Bo Diddley. Mucho gallo en un gallinero que rellenaron con jóvenes y futuras estrellas como Otis Spann o Buddy Guy. El experimento no tuvo el éxito esperado. Quizá por el título del disco -The Super Super Blues Band-, puede que por su fea portada o incluso porque la suma de talentos no siempre ofrezca un mejor resultado.A pesar de ello el álbum de estos gigantes es una obra poderosa. Producido por el eterno Willie Dixon, autor también de varios de los éxitos de los protagonistas, el disco es el testimonio de una reunión histórica de enemigos íntimos y leyendas del género que bien merece una escucha. Para recorrer esta joya del blues hemos invitado al periodista Ricardo de Querol y a Lucía Taboada.
Muchos de los grandes artistas han acabado plasmando en sus obras una parte de su propia historia que no han podido o sabido sacar de otra forma. En la música hay muchos ejemplos. Sinéad O'Connor es uno de ellos. “Cuando era pequeña no había terapias así que me metí en la música. Únicamente quería gritar”, contaba la cantante.Para muchos Sinéad O'Connor es la chica de la cabeza rapada que lloraba cantando Nothing Compares 2U, para otros la joven que rompió una foto del Papa en televisión protestando por los abusos en la Iglesia. Pero O'Connor fue muchas cosas e hizo muchas cosas. La mayoría, cuando conoces el contexto, tienen explicación.Sinéad fue víctima de abusos, luego una niña problemática y finalmente una madre desequilibrada. También una artista especial y tremendamente valiente. En este episodio queremos recordar su figura como la de una artista enorme que se atrevió con todo porque creemos que hay que recordar su legado, una historia que comenzó en 1987 cuando la cantante editó The Lion and The Cobra y que alcanzó su cima con I Do Not Want What I Haven't Got, cuando se convirtió en una de las grandes estrellas de la época.Pero el reinado de la irlandesa fue breve porque se enfrentó a todo y luchó por todo. “La sociedad no espera que las mujeres digamos cosas”, apuntó en una entrevista al ser cuestionada sobre sus polémicas. El caso es que O´Connor criticó al Papa por los abusos sexuales que miles de irlandeses habían recibido, se negó a actuar en EEUU si antes de que saliese al escenario ponían su himno nacional, protestó por la invasión a Irak o el racismo en los Grammy, también cantó contra las políticas de Thatcher.O´Connor siempre dijo lo que pensaba y lo que creía justo. Y el mundo no estaba preparado para ella. Todo por lo que luchó, como el derecho al aborto, y lo que criticó, como los abusos, fueron luchas justas y el tiempo ha acabado dando la razón a la irlandesa, pero su voz sonó demasiado alto demasiado pronto. En el año de su muerte queremos recordar su música en este Sofá Sonoro que compartimos con Mario Tornero.
En la vida se habla y se valora mucho aquello de estar en el sitio oportuno en el momento correcto como una de las claves del éxito, porque a veces es mejor tener algo de suerte que exceso de talento. Big Star tuvo más de lo segundo que de lo primero y nunca encontró su momento. Big Star fue una de las grandes bandas de los setenta, pero no hacían la música que se demandaba y cuando hicieron buenas canciones, que fue la mayoría de las veces, estas rara vez llegaban al público. En pleno boom de rock duro, del progresivo y de la música negra, los chicos de Memphis hacían un pop delicado y elegante que conecta más con el Wilco del siglo XXI que con los grupos de los setenta y los cantautores malditos. Su historia es fascinante y su música preciosa, pero todo comenzó con Number 1 Record, su disco de aquel fascinante 1972 que nos presentó a la banda de Memphis. Esta semana David Moreu se sienta en el Sofá Sonoro para recordar la historia, las canciones y la mala suerte que persiguió a Big Star.
Se nos escapa el año, un año intenso, convulso. Un año con guerras, con desastres, con muertes de gente que admiramos y que queremos, pero un año con otra cara en el que también nos han pasado cosas buenas. Cosas que nos han alegrado como individuos. Y todos esos eventos, esos sucesos, han tenido banda sonora. Hoy recopilamos nuestros temas favoritos, los que más compañía nos han hecho.Playlist de Spotify con las canciones del programa.Playlist del Sofá Sonoro | Descubre nuestra selección semanal.
Bill Whiters es uno de los tipos más singulares de la música. Tras servir una década en la armada el bueno de Bill acabó haciendo canciones, vendiendo millones de copias de sus discos y siendo todo un referente con una voz de oro durante otra década hasta que de nuevo Bill se cansó y lo dejó todo para no mirar atrás y empezar una nueva vida ajena a la música en los años 80.La irrupción de Whiters fue a lo grande. Una de las primeras cosas que hizo en la música Bill fue escribir y cantar Ain't No Sunshine, un tema que lo convirtió en una estrella. “Nunca había escrito una canción, no sabía tocar nada y nunca había cantado fuera de la ducha, pero pensé que sería bonito entrar en la industria musical así que me arriesgué, puse hasta el último céntimo y grabé un disco yo solo con mi propio dinero. Me llevó dos años conseguir un contrato mientras trabajaba en la aviación. Mucha gente me decía que era muy mayor para comenzar una carrera. Tenía 32 años. Eso lo hizo más interesante", apuntaba. Aquella canción fue parte Just As I Am, el disco con el que se presentó al mundo en 1971, un año con una cosecha mítica de discos eternos entre la que brilla la obra magna de Withers.Durante los siguientes años, Bill vivió por y para la música, pero sin ser nunca parte de la industria. Hasta que un día, después de vender millones decidió que ya había tenido bastante y cerró esa puerta de su vida para no volver a abrirla. Medio siglo después de su obra maestra toca volver a la música y al talento de Bill Withers porque no queremos que caiga en el olvido una de las mejores voces del soul. Para este viaje nos acompañan Sheila Blanco y Lucía Taboada.
Esta semana dedicamos el programa a recordar 'Achtung Baby', uno de los discos más fascinantes de los años 90 y álbum que transformó la carrera de la banda irlandesa.En 1991 solamente habían pasado 11 años desde el debut de U2, pero el mundo era un lugar muy diferente y esa década había pasado factura a la banda que llegó exhausta a ese momento clave que había tumbado a muchas de las bandas que habían inspirado a los irlandeses o que habían empezado a la par que ellos. En ese contexto la banda se reinventó y facturó uno de los mejores discos de su carrera. Hoy dedicamos el sofá sonoro a Achtung Baby.En aquel curso enorme en el que se editaron álbumes eternos como Nevermind, el disco negro de Metálica, el debut de Pearl Jam o el Use Your Illusion de Guns and Roses, U2 demostró que tenía capacidad de reinventarse y encabronada por las malas de críticas de su anterior trabajo facturó un disco valiente que cambiaba el paso de su sonido. Para esta grabación la banda acudió al productor Brian Eno cuyo cometido era eliminar del disco cualquier cosa que sonase a U2 y el grupo definió el álbum como el sonido de cuatro tipos talando el Joshua Tree, el referencia a su disco más exitoso hasta ese momento.Hace poco Bono reconoció algo en una charla con David Letterman que refleja muy bien la esencia de U2 y cómo ha operado la banda en momentos de duda o de estancamiento como el que vivían. “Raramente estoy en mi zona de confort y creo que ha sido duro para el grupo porque yo tampoco les dejo estar en la suya”, explicó el cantante.Esta semana invitamos a la periodista Sara Morales para recorrer este momento clave en la carrera de la banda irlandesa.