Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre la doble jornada electoral peninsular que ha aupado al socialista Antonio José Seguro en el país luso y a Jorge Azcón (PP) en Aragón
El análisis de Carles Francino sobre los resultados de las elecciones en Aragón.
Si a partir de hoy ni PP ni PSOE ponen freno a la carrera desbocada hacia la polarización y el descrédito mutuo, si no miran de frente a los problemas de la gente y se ponen a ello, juntos y sin recelos, la consecuencia ya no es una incógnita es una realidad en Extremadura y en Aragón. Quien gana es ese a quien no le interesa la política ni nuestros problemas y que solo tiene un objetivo, erosionar hasta liquidar nuestra democracia.
Elon Musk llama Dirty Sánchez al presidente por querer recortar el poder de los tiranuelos de las redes sociales. El mote oscila entre la nostalgia de Speedy González y la figura de Harry el Sucio. Así, se plantea si Sánchez actúa ante un Estado fallido saltándose las leyes para restaurar el orden.
Los votantes aragoneses han castigado el bipartidismo de PP y PSOE, que se alejan de sus objetivos y pierden relevancia. La polarización y la falta de respeto mutuo entre ambos partidos han provocado el colapso de la centralidad política. Como consecuencia, han acabado engordando a quien le pierde el respeto a la democracia todos los días: a Vox.
Nunca ha habido tantos pelmazos como hoy, tanta gente pensando que debes conocer lo que tiene que contarte.
Vivimos en una economía de mercado. Eso significa que, en general, la demanda y la oferta determinan los precios de las cosas.
Vidal-Folch compara la gestión del temporal Leonardo en Andalucía con el desastre de la DANA de Valencia en 2024
Aragón ha evolucionado hacia una política actual con ausencia de mayorías absolutas. Aunque tradicionalmente se ha considerado el Ohio español por su capacidad de anticipar resultados nacionales, las encuestas actuales sugieren una similitud con el voto de otras autonomías. Además, se reivindica la identidad propia de la región, sugiriendo que la singularidad de Albarracín compensa con creces la pérdida de su estatus como barómetro electoral.