Frente a una cultura de la confusión que identifica la rebeldía con el autoritarismo, la dinámica de confundir la libertad con la selva es la que sostiene el nuevo absolutismo. Esta estrategia de la antipolítica desprecia la ley para favorecer al más fuerte. El gran reto en las urnas es recuperar una autoridad política capaz de defender la justicia social y la dignidad laboral ante el avance de la extrema derecha.
El PSOE capitaliza el Gobierno mientras la izquierda alternativa se queda sin cartas en una política descrita como una duna móvil. El voto útil borra proyectos agotados, confirmando que los parches y pactos de laboratorio solo alargan el colapso. La España que aupó estas opciones ha dejado de existir, exigiendo una nueva alternativa con vocación nacional.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre los resultados en los comicios de Castilla y León
Han sido los comicios castellano y leoneses los que han cambiado el panorama porque, aunque una lectura únicamente a los resultados puede dar una impresión, un repaso más detallado de los datos permite extraer conclusiones algo diferentes a los elecciones anteriores. El PP ha ganado las elecciones, pero su líder, Alfonso Fernández Mañueco es quien más reforzado sale en comparación con sus colegas que se sometieron antes a las urnas
Santiago Abascal lidera un partido unipersonal donde solo interesa la pasta, dinero y poder, eliminando, como en una novela de Agatha Christie, a quienes piden libertad interna. El proyecto se define como una unidad de delirio en lo universal que renuncia a gobernar sin dar explicaciones. Al final, se comporta como el perro del hortelano, acaparando un control absoluto por pereza o por no querer dar un palo al agua.
Las noches electorales van del contraste entre los resultados y las expectativas creadas, donde el bipartidismo recobra un chute de autoestima. Mientras Mañueco restablece la confianza de los populares al contener el avance de Vox, el PSOE también recupera el oxígeno que necesitaba. Este nuevo 15-M deja a las izquierdas alternativas barridas del mapa tras una jornada de revanchas políticas.
A la misma hora que veinte pastores evangélicos se reunían con Trump y se ponían a rezar, quizás un puñado de iraníes se juntaban con su líder para rezar en dirección contraria, por decirlo así.
Estoy hablando del mesozoico, cuando en los circos había monos disfrazados de maniseros y elefantes entrenados para levantar la patita y eso no nos parecía humillante sino divertido.
El chiísmo, la rama del islam a la que pertenecen los ayatolás iraníes, cree que un descendiente de Mahoma aparecerá antes del fin del mundo para gobernar a los creyentes.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre el modus operandi del ejército estadounidense y cómo podrían actuar en su guerra contra Irán