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Todo pasa tan deprisa que, al hablar de las europeas del pasado domingo, uno ya se siente el narrador de un documental sobre la batalla de Las Navas de Tolosa. Y sin embargo hay que volver a estas elecciones, siquiera porque han tenido una rara virtud: los partidos siempre están dispuestos a apuntarse victorias reales o morales en la noche electoral, pero en esta ocasión las urnas han traído consigo ceniza para todos. Llamémoslo una redistribución del descontento.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre el aval del TJUE europeo a la ley de amnistía al concluir que el Derecho de la Unión no se opone a las normas comunitarias
La decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea va a tener repercusiones políticas, aunque no creo que diga demasiadas cosas, pero permitirá interpretaciones muy distintas: podrá alimentar una cosa y su contraria. Lo normal es que el TJUE diga lo mismo que ya dijo el abogado general, lo que dará munición sobre si era legítimo o no la decisión de amnistiar y marcará los límites respecto a los propios fondos europeos.
Las 377 páginas hablan de la excepcionalidad de la sentencia de David Sánchez. Si no fuera por el ambiente político y por ser el hermano del presidente, no tendría tantas y sería diferente no solo en términos de forma, sino también de fondo. Los jueces se implican en la sociedad que tenemos y las sentencias muchas veces van a favor de obra en función de la presión política. Y no hablo de prevaricación, sino de que los jueces son humanos y simplemente se contaminan o empapan del ambiente en general. Pero 377 son una barbaridad, un acto casi antijurídico.