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En todas partes se atribuye al país vecino la descortesía de marcharse sin despedirse. Así se ha ido Ciudadanos, como todos los que hace diez años se dedicaban a la nueva política. Aunque no estamos en la vieja política, lo nuevo es la antipolítica. Marchemos, francamente yo el primero, por la senda constitucional.
Vidal-Folch reflexiona sobre el protagonismo que está adquiriendo Pete Hegseth
Ayer se revivió con las declaraciones de Rajoy y Cospedal, recordándonos una época de rescates, prima de riesgo e indemnizaciones en diferido. Aunque éramos más jóvenes, es difícil echar de menos esos años de líderes mesiánicos y disculpas famosas, pues nuestro mundo de hoy es un infierno que no proviene de haber sido expulsados de ningún paraíso.
Los escándalos de la antipolítica se suceden a tal velocidad que los acuerdos entre el Partido Popular y Vox enmiendan la naturaleza del partido institucional para desregular y llamar nuestra atención. Se trata de una operación para que perdamos el foco en el caso Kitchen y la corrupción del aparato del Estado puesto al servicio del partido para tapar su trama de financiación ilegal.