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Nos espera un día intenso de un mes de julio que se resiste a coger vacaciones. Trump no podía soñar un inicio de Convención Republicana más favorable. El candidato del malestar conservador ha tapado con una foto icónica con el puño apretado y un grito, 'fight', la fotografía del condenado por pagar el silencio de una prostituta. Mientras, Biden deshoja la margarita de su retirada. En España, se saluda a los futbolistas como a los nuevos guerreros mientras se utiliza a los inmigrantes como arma arrojadiza.
Ayer lunes me desperté, y en mi almohada flotaba el interés por las elecciones de Portugal. Y de pronto surgió la gravedad de la catástrofe, un impacto de trenes que llenó la almohada de vagones destrozados o madres en busca de sus hijos. El accidente puede ser raro en unas vías renovadas, pero en la alta velocidad del mundo lo que parece tremendamente extraña es la voluntad de diálogo. Un accidente en la alta velocidad no es solo una desgracia tristísima, sino una metáfora del mundo que nos espera.
40 muertos que pueden ser más y un centenar de heridos en el choque de trenes de Adamuz (Córdoba). Estas noticias de graves sucesos nos colocan y nos incomodan: luto y desconcierto. Hemos inventado todo tipo de formulaciones para sostener nuestra precariedad y, de pronto, el accidente. Y en esta misma tierra, los que creen que todo está permitido como Donald Trump. Da vergüenza que un ego enfermizo, pueda haber sido elevado por los americanos a la presidencia de la principal potencia mundial.
Soledad Gallego-Díaz reflexiona sobre el impacto del accidente de tren producido en Córdoba