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Pedro Sánchez presenta este miércoles el tan esperado plan de acción por la democracia. Este plan tendrá como ejes básicos la regulación de los conflictos de interés y el control de la financiación de la prensa. Está bien empezar por ahí, pero no parece que esto sea suficiente para avanzar con paso firme hacia la regeneración democrática. Sería más oportuno una visión más integral que apostara por mejorar la confianza con las instituciones, por la transparencia y reforzara la lucha contra la corrupción.
Empezamos febrero con las vacunas puestas y llega la OMS y nos da un disgusto: los españoles ya no estamos libres de sarampión. En Washington, un chiflado nombra ministro de Sanidad a otro chiflado y, en algún rincón de España, el virus del sarampión inicia la reconquista. Yo, que confundo hipotálamo con hipopótamo y lipotimia con linotipia, estaría más cualificado que Robert Kennedy, conocido antivacunas. Sarampión: la propia palabra nos devuelve al pasado, a la España de la turista diez millones.
Los líderes políticos se han volcado este fin de semana para arropar a sus candidatos y movilizar a los votantes. Sánchez, Feijóo, Abascal y Yolanda Díaz han acudido a Aragón para confrontar sus propuestas. Casi nadie propone una idea común porque la política emocional está por encima de lo demás. Nuestros políticos ven más fácil convencer desde el miedo al adversario que desde la propuesta y la ilusión. Y quizás tengan razón, porque hoy los ciudadanos nos movemos más desde la pasión que desde la razón.
Los trenes de toda la vida funcionaban regular tirando a mal y Rodalies, los cercanías catalanes, era un desastre apabullante. Pero ay, el Ave, qué maravilla.