SER Podcast
Nadie discute que la democracia tiene que regenerarse y que parte de la ecuación incluye a los medios de comunicación. Una democracia no puede funcionar sin opinión pública informada y eso requiere de medidas legales que la garanticen y las que hay ahora no sirven. Estamos en el siglo XXI y el problema requiere de consensos, no con textos como el que se debatió este miércoles en el Congreso. No es una cuestión de transparencia de la propiedad de los medios, que también, pero tiene que ver con la comercialización del tráfico de datos, de los sesgos algorítmicos, pero especialmente no puede arrancar de una motivación política tan personal que involucre al presidente porque impide la objetividad.
En mi época se contaba la historia de un hombre que sobrevivió a la tragedia del camping de los Alfaques y murió un año después en el incendio del Hotel Corona de Aragón. ¿Verdadero o falso? No lo sabemos. Hablando de trenes, algún día habrá que preguntar a las autoridades de Adif por qué por la megafonía sigue sonando el mensaje que recuerda la prohibición de fumar, que lleva en vigor nada menos que veinte años. También está prohibido robar y matar y no hace falta que nos lo recuerden.
En Estados Unidos ya no estamos hablando del fin de la inmigración, sino del fin de la democracia. El ICE miente, como miente el presidente cuando acusa a la víctima de terrorismo. Todos hemos visto que el enfermero blanco asesinado no portaba un arma de fuego, sino un arma mucho más poderosa, un móvil para grabar. Mientras el ICE está asesinando a un enfermero o a una poeta no los mata solo a ellos, sino que mata la libertad, la democracia, la capacidad de disentir. Es lo que hay y lo estamos viendo en directo.
Cuanto más avanzamos y más progreso acumulamos, menos despejado parece estar todo, como si lo único clarísimo fuese la confusión.