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Trump se repite más que Tubular Bells, de Mike Oldfield. ¡Si por lo menos fuera capaz de inventarse de vez en cuando una acusación nueva, como, por ejemplo, conductora kamikaze, atascadora de cloacas, violadora de ornitorrincos...! Vanidoso y narcisista, vanidista y narcisoso, ver a Trump dar un mitin o participar en un debate le revuelve las tripas al más templado.
Joaquín Estefanía reflexiona sobre los gestos humillantes que Trump ha tenido hacia diversos líderes políticos desde la intervención en Venezuela
La nueva era no vino para liberarnos de antiguas ataduras, sino para esclavizarnos a través de las pantallas. El aislamiento, la falta de conciencia colectiva y la incapacidad de articular una respuesta grupal ante los distintos poderes. Se le suma que la educación política ha consistido en enseñar a las nuevas generaciones a indignarse por un pronombre, un sufijo, un color o un sentimiento. Basta una búsqueda en Internet para descubrir lo articulada que está esa política de difusión de una supuesta espiritualidad.
Habrá que despertar, no solo porque sea una pesadilla, pero también tirar de la historia, Trump es un tirano, pero no solo se trata del imperialismo y no son las contradicciones de hoy de la OTAN, son las contradicciones de siempre. Bastaría recordar sus injerencias militares brevemente y no todas en Panamá, Nicaragua, Granada. Es tiempo de la Europa que queremos, pero incluso sin Trump.