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Las primeras informaciones apuntaban a que el deportista se había acogido a una vieja costumbre hispánica: irse de parranda. A quién no le habrá pasado, sale uno a tomar una cerveza un martes, la cosa se complica y termina por volver a casa el jueves. Y podemos pensar que, tras una vida de privaciones por el deporte, el hombre querría desquitarse.
Piensa en un dólar, en cinco dólares, en veinte. ¡Piensa en un millón de dólares! Imposible no sentir que se está ante algo más que dinero.
En mi departamento aparecen cosas que no son mías. Hace un par de años fueron unas medias de hombre extrañísimas. Llegaban hasta las rodillas y el pie era, al menos, de la talla 46.
Dicen que el día más triste del año fue el pasado 19 de enero. Era lunes y comenzaba Ingrid, la novena de las 17 borrascas del invierno. Lo del día más triste me parece bastante arbitrario. Pero sí estoy seguro de que hoy es el día más estúpido del año. Para ser más exactos, la noche más estúpida. Esta madrugada adelantamos el reloj y nos ponemos con dos horas de adelanto sobre el sol. Un disparate.