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Se llaman a sí mismos Patriotas por Europa. Le Pen, líder francesa de la extrema derecha, y Viktor Orbán, líder neofascista en Hungría, vendrán a gritar a nuestro país. Sonarán consignas de naciones puras, no contaminadas de pluralidad alguna, lineales, todas ellas como recordadas por la línea de puntos. Se escucharán proclamas aún nosotros homogéneo y limpio, donde solo cabe un único color de piel, una única identidad.
Resulta imprescindible estar atentos para que el ruido no nos haga olvidar nuestros valores y nadie se aproveche, convirtiendo las noticias de la corrupción en un folletín diario de escándalos, bulos y causas judiciales para favorecer la llegada al Gobierno de los partidarios de la guerra, el racismo, la destrucción de la sanidad y la educación pública.
Me produce estupor y un poco de vergüenza ajena escuchar esa larga ovación cerrada de casi todos los diputados y senadores ante el Papa. No entiendo, para empezar, por qué se invita a un líder religioso a dar un discurso en el Congreso. Hay muchos países europeos donde algo así sería impensable y me incomoda especialmente la hipocresía de tantos políticos que aplauden al Papa y se dicen muy católicos mientras predican exactamente lo contrario.
Xavier Vidal-Folch reflexiona e ironiza sobre que Alberto Núñez Feijóo, líder de la oposición, haya afirmado que suscribe íntegramente el discurso pronunciado por el Papa en el Congreso de los Diputados