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Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
El éxito de una película de zombis demuestra la conquista del friquismo en la centralidad cultural y refleja un síntoma de infantilización social donde la serie B eclipsa a los clásicos. Si la sociedad premia masivamente estos productos, se cuestiona el futuro del ser humano como especie.
Trump y Netanyahu han iniciado una ofensiva en Oriente Medio que nadie sabe cómo terminará, marcando una actualidad definida por el riesgo y la guerra. El conflicto evidencia el rechazo a cualquier régimen que viole los derechos humanos, desde teocracias islamistas hasta quienes perpetran genocidios. Esta crisis disparará el precio del crudo, castigando a una Europa con una dependencia absurda de combustibles fósiles importados.
A veces un buen nombre es todo lo que se necesita en la vida. Quién sabe si el éxito no depende de intangibles como que te llames de una manera o de otra.