SER Podcast
Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
Ya sabemos qué es septiembre: todo eso que no va a salir tan bien como esperábamos.
Yo tenía doce años y estaba a punto de conocer el extranjero. Mi madre, mi padre, mi hermano y yo viajábamos por el norte de la provincia de Formosa en dirección a un puente sobre el Río Pilcomayo que nos iba a depositar en el mismísimo país del Paraguay.
Aún no sabíamos que la selección española iba a ganar el Mundial, que íbamos a cocernos a fuego lento climatológico durante semanas y que el rey Mohamed de Marruecos iba a demostrarnos quién manda aquí.