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Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
Una buena pregunta es muy difícil de contestar. Por eso algunas personas, ante el aprieto, evitan la cuestión y responden con otro asunto. La verdad, como ha mostrado Florentino Pérez, da mucho miedo.
"Es curioso que me haya entregado con esmero al colegio primario, tan repleto de reglas, porque el jardín de infantes, un sitio que se presume lúdico, me resultó un infierno"
Yo, que soy antiguo, nunca había utilizado la expresión inglesa “drama queen”, o reina del drama. Hasta hoy. Hoy me hace falta. Porque estos últimos días he comprendido exactamente qué significa y para qué sirve.