SER Podcast
Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
Regreso de una exploración de la que ignoro si me habré encontrado conmigo allí, con la que fui allí, con la que quise ser. Toda mirada necesita verse en los demás para recuperar, no diría yo que la inocencia, pero sí la lucidez y el sentido de la realidad. Mi viaje me habrá cambiado o habrá recuperado, como quien se sube a un tren en marcha, mi capacidad de sorpresa, o de conmoción, o de asombro. Tomaos esta columna como una especie de inicio de cuento de suspense. Continuará. Con otros ojos.
Solo ha pasado un año desde que Trump volvió a la Casa Blanca. El mundo ha cambiado tanto que produce vértigo recordar la rapidez con la que el presidente de Estados Unidos ha dinamitado el orden internacional. Estados Unidos no acepta socios, son rivales o vasallos. Importa la ley del más fuerte. Habla a las claras del petróleo, del dinero, de sus propios intereses, le dan igual la democracia y los derechos humanos. Es tan clara la amenaza para Europa que sorprende la miopía de la derecha española.
Más allá de la inocencia, los ojos del padre y la madre se llenan de ilusiones y son un compromiso con el futuro. Aunque ya sabemos lo que hay bajo la cabalgata de las Divinas Majestades, la ilusión se mantiene cuando tomamos conciencia de lo que significa nuestro deber de no renunciar a la esperanza.