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Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
A enero, en el despliegue del calendario, parecería haberle tocado un papel más modesto: ser ese mes concebido para que, por comparación, brillen los demás. Enero tiene, sin duda, su lección moral. En su calidad de primer mes, bien podría recordarnos que las segundas partes nunca son buenas, pero prefiere subrayar que las primeras veces siempre son difíciles. Este mes de enero, muchos afrontaremos, el primer día de dieta o la primera noche de ayuno. E incluso sentiremos ese crujido inolvidable del primer abdominal.
Feijóo pronosticó un año terrible para Pedro Sánchez, pero para el líder del PP 2026 tampoco será el paseo esperado. De un lado, porque todavía le sigue persiguiendo la sombra del dimitido Mazón. En el plano político, a Feijóo también le espera 1 año movidito. El PP ha subestimado a Vox. Creían tal vez que era una moda pasajera, pero el partido de Santiago Abascal seguirá siendo decisivo para ellos. El caso es que existe una sed de motosierra que atraviesa el electorado de la derecha.
A la nostalgia, ¡ni agua! Así suele aconsejarme mi amigo, el estimulante escritor y profesor de Literatura, Bernat Castany Prado. La verdad es que no me cuesta seguir su consejo porque la poca nostalgia que he ido sintiendo en mi vida la he canjeado. Y ahí me tenéis, descubriendo que en mi cazuela se estaba produciendo un pequeño prodigio que, como una representación teatral, nunca volverá a reaparecer con los mismos movimientos o idéntica textura. A fondo, hasta lo más pequeño. Ninguna nostalgia.