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Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
El director de 'El Larguero' analiza la polémica entre el técnico argentino y el delantero del Real Madrid
Los rusos pusieron al hombre en el espacio. Por inventar, inventaron hasta el móvil. Parecía que los soviéticos iban a comerse el mundo. Y precisamente por eso daban miedo. Estados Unidos logró que una buena parte del mundo lo identificara con ideas atractivas, con la mezcla perfecta de libertad y prosperidad. Si los rusos asustaban, los americanos seducían. Y así se nutrió una corriente de simpatía, que ha durado hasta hoy, cuando parece que quien va a comerse el mundo es Estados Unidos.
Groenlandia es el objeto de deseo de Trump que pone en jaque la cohesión de la OTAN. Nos hemos criado en un mundo donde los buenos, los Estados Unidos, siempre de esos enemigos invisibles como extrañas pandemias. En el ámbito político, siempre se ha demandado que las promesas vengan respaldadas por un presupuesto, pero con Trump, los anuncios vienen seguidos por la fuerza. Del plano nacional, ERC entra hasta las cocinas de La Moncloa para cocinar un acuerdo sobre la financiación para Cataluña.