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Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
Vidal-Folch reflexiona sobre el protagonismo que está adquiriendo Pete Hegseth
Ayer se revivió con las declaraciones de Rajoy y Cospedal, recordándonos una época de rescates, prima de riesgo e indemnizaciones en diferido. Aunque éramos más jóvenes, es difícil echar de menos esos años de líderes mesiánicos y disculpas famosas, pues nuestro mundo de hoy es un infierno que no proviene de haber sido expulsados de ningún paraíso.
Los escándalos de la antipolítica se suceden a tal velocidad que los acuerdos entre el Partido Popular y Vox enmiendan la naturaleza del partido institucional para desregular y llamar nuestra atención. Se trata de una operación para que perdamos el foco en el caso Kitchen y la corrupción del aparato del Estado puesto al servicio del partido para tapar su trama de financiación ilegal.