SER Podcast
Siempre me ha parecido curioso que se insulte a las mujeres con el llamado oficio más antiguo del mundo. Es un hecho, por desgracia, culturalmente universal. La prostitución es un acto mediante el cual un hombre paga para tener acceso a la intimidad de una mujer y mantener relaciones sexuales con ella. Es decir, se trata de alguien que mercantiliza algo que suele ser o debería ser gratuito y consensuado. Se entiende que apetecible y gozoso para ambas partes. Contrata el servicio, lo que hace es adquirir algo que, en principio no es un bien un objeto, sino un ser humano. Visto así, ¿a quién degrada más este acto, a la prostituida, la consumida, la alquilada, la adquirida o a quién es capaz de comprar el sometimiento de otra persona? ¿A quién podemos considerar moralmente reprochable, a la que es degradada o a quién degrada? Y aun así, el insulto es siempre para ella.
Ser ucraniano ha sido el riesgo laboral más trágico, convirtiendo a su patria en el lugar más peligroso donde morir por la patria es una probabilidad diaria. Desde las guerras y hambrunas del siglo XX hasta la invasión actual, su historia es una sucesión de tragedias que hoy parecen interesar a pocos. Mientras el mundo se cansa, queda el recuerdo de aquel país que soñó con ser normal, entre colinas, ríos perezosos y un destino de cementerios.
Los casos del príncipe Andrés y José Ángel González reflejan conductas inapropiadas y una jerarquía que sugiere el fin de la impunidad de las élites. Aunque no hay asunción de responsabilidades, la presión en las redes obliga a actuar ante la falta de ejemplaridad. Se debate si esto es un cambio de valores real o un simple cortafuegos institucional.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre la detención del ex príncipe Andrés de Inglaterra por su vinculación con el caso Epstein