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El Papa va a ser un turista más en la Sagrada Familia y Mañueco ha recuperado la confianza de Vox para quizás volver a repartir ceniceros portátiles por Valladolid. Pero me temo que la clave política del día pasa por la sesión de control al Gobierno porque es la primera que se celebra después de conocerse el contenido del sumario del caso Leire. Y, como es normal, miraremos al presidente y a sus respuestas, pero quizás haya que mirar también a quienes sostienen la mayoría parlamentaria.
Cada cual tiene sus gustos y no son horas para discutir sobre cuestiones estéticas. Pero creo que hay cosas objetivamente feas.
Entiendo que a estas alturas haya españoles más cansados del papa que Martín Lutero, pero debo decir que no me encuentro entre ellos, siquiera sea porque todos estos días la actualidad ha estado felizmente alejada de lo que suele ser la actualidad.
Más allá de la doctrina, León XIV ha venido a España con dos temas: no a la prioridad nacional, que es la obsesión de la derecha; y el respeto a la emigración. Y se da la circunstancia, no diré casualidad, de que lo que el Papa combate son las dos banderas con las que el PP y Vox, cada vez más hermanados, se han lanzado contra el presidente español y su Gobierno. De modo que el Papa va al encuentro de inmigrantes y Sánchez a su lado. Con la dignidad de las personas no se juega.