Controlé para sobrevivir y estoy agotada

Podium

En este episodio hablo de la paradoja que veo repetirse una y otra vez en mujeres que luchan con su cuerpo, la comida y la ansiedad: entre más intentamos controlar, más fuera de control nos sentimos.
Exploro cómo el control puede haber surgido en la infancia como una forma de sentir seguridad cuando el entorno no lo garantizaba. Y cómo esa estrategia —que alguna vez ayudó— termina generando más desconexión, más rigidez y más sensación de desborde.

Hablamos de ejemplos concretos: la vigilancia constante del cuerpo, las reglas rígidas con la comida,
la lucha silenciosa contra la ansiedad. No es un episodio para “soltar el control” de golpe.
Es una invitación a entenderlo con compasión y preguntarnos qué necesita sentirse seguro hoy.

Más episodios

Sanar la relación con la comida con esfuerzo no sirve.

En este episodio cuestionamos una idea muy arraigada: que necesitas más disciplina, más control y más esfuerzo para sanar tu relación con la comida.Te explico por qué esa energía —aunque socialmente valorada— en realidad perpetúa la lucha, y cómo empezar a moverte hacia una forma más suave, intuitiva y efectiva de sanar.

Aprender a sentir para dejar de luchar con la comida

La lucha con la comida no empieza en el plato, empieza en lo que sientes y no sabes cómo sostener.En este episodio hablamos de por qué regular tus emociones, desarrollar interocepción y ampliar tus recursos internos es clave para sanar de raíz tu relación con la comida y el cuerpo.Porque no se trata de tener más control, sino de aprender a sentir sin tener que escapar.

No quiero ser “buena”

En este episodio de Yo debería ser flaca hablo sobre el mandato de ser mujeres “buenas”.Un mandato silencioso, pero profundamente instalado, que muchas hemos aprendido desde muy pequeñas: la idea de que debemos ser amables, correctas, complacientes, siempre medidas… siempre “bien”. Sé que muchas mujeres pueden sentirse identificadas con esta sensación de tener que sostener una cierta imagen frente a los demás, como si hubiera una forma correcta de existir que no podemos romper.Pero este mandato no nos acerca realmente a ser personas genuinamente buenas, compasivas o comprensivas. Por el contrario, nos aleja de nosotras mismas. Nos llena de expectativas rígidas y poco realistas sobre cómo deberíamos comportarnos, qué deberíamos sentir, qué partes de nosotras son aceptables y cuáles no.En lugar de permitirnos actuar desde la autenticidad, desde el cuidado real —propio y hacia otros—, terminamos actuando desde la presión, el miedo al juicio y la necesidad de aprobación. Y eso, lejos de nutrir nuestras relaciones, muchas veces las vuelve más superficiales y desconectadas.En este episodio cuestiono ese ideal de la “mujer buena” y abro una conversación sobre lo que significa empezar a vivir con más honestidad, más libertad y menos autoexigencia. Porque tal vez no se trata de ser “buenas”, sino de ser reales.