El gen del muaré

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El ‘Nadie Sabe Nada’ es todo ignorancia pero en esta ocasión, Andreu Buenafuente y Berto Romero coinciden en una gran verdad: en 2023 el efecto muaré en televisión ya debería estar resuelto. ¡Una mierda para el muaré! En otras cosas, en esta entrega se sigue intentando arrancar el videojuego antiguo que trajo Berto Romero, se lee el informe sobre el ADN de Andreu Buenafuente, se suceden las vivécdotas protagonizadas por fans, el control de realización huele a pedo y de propina se habla en profundidad de la propina.

Más episodios

T13x25 | Hemos tocado techo

Ep. 498: Andreu Buenafuente y Berto Romero llegan reventados de una revisión médica tan pobre que casi habrían preferido no haber ido. Pero bueno, el ‘Nadie Sabe Nada’ hay que hacerlo igualmente, y enseguida cogen las riendas y lo tiran hacia adelante. Las llevan tan bien que, entre castañuelas de cuello que ofenden a Galicia, el descubrimiento de que las lentillas pueden mejorar la vista (pero no el criterio) y preguntas repetidas en distintos programas, acaban llevando el episodio a la cima de la absurdidad inventando la metarradio. 

T13x24 | Onomatopeyafunk

Ep. 497: Este ‘Nadie Sabe Nada’ tiene un inicio que no es ni falso ni un real inicio. Es el ‘peting’ de los inicios donde Andreu Buenafuente y Berto Romero hablan con el público descubriendo cuánto han tardado en poder venir a vernos en directo. A partir de ahí entramos en terrenos más delicados y pantanosos. A saber: el público que no ríe (pese a llevar años esperando este momento), los móviles como ordenadores de bolsillo, perfumes que huelen demasiado, velas con olores a biblioteca antigua, animales que desafían la gravedad... Todo esto aderezado con esa sensación que tenemos durante toda la grabación: que se nos va de las manos. Como debe de ser. 

T13x23 | Desde Banff no se ve Toronto

Ep. 496: Baile de fechas para este ‘Nadie Sabe Nada’ grabado el 8 de abril y emitido y publicado el 2 de mayo de 2026. Andreu Buenafuente y Berto Romero inician el programa de pie y cierran la trilogía dedicada a Agustín Jiménez con una conexión llena de sonidos. Entre viajes a Canadá que no llevan a ningún sitio, pero sí intentos fallidos de contar el chiste de Toronto, sueños sincronizados, bebés que hablan mal y una inquietante hipótesis sobre viajes en el tiempo, el programa avanza sin control hacia un final con barba espesa, algunas tonterías graciosas de Karlos Arguiñano y el remate con una cuarteta de Nostradamus mal recordada.